En el fulgurante ocaso del día
Cuando las hojas responden al viento
Y las olas del mar rompen el silencio…
Pensar en ti es casi un decreto, un sino, un hechizo
Un pecaminoso mandamiento porque suena a fervor irrevocable, acato divino, sin un susurro de descontento.
Un hado confuso por que se convierte en un impulso, con bríos incontrolables y dulces y fallidas objeciones
Y un grato embrujo, al presentir que conquistas mi mente, mis actos y mi cuerpo.
Ay amor mío, ay emoción sofrenada de mi tu fuego se adueña y toda tuya me posees por devoción
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario